The components that run through our blood, the calcium that inhabits our bones, have once formed inside a star – now extinct – that died when it exploded. Its particles were forced to look for a new nucleus, wandering eternally until they settled subtly in our bodies, revealing the certainty of carrying a percentage of the totality, internally.

My mother had kept my brother’s milk teeth and mine in a test tube. From that finding, I began to systematically store the material that came off my body; skin nails, hair or the level of acidity in my organism.

I also accumulated photographic notes, evidences of the drift through a space of change, astonishment and discovery as what reality remains to me. With this collection approached in a bidirectional way, I understood the distinction of two spaces. The exterior, set by the delimitation of a physical, epidermal boundary, that drives us to the contact and the questioning of the closest environment. And an intimate, the internal one, in which the relationship with the other takes shape and context, as the result of the sedimentation of the embodied experience. The denouement of this trip could be understood as a taxonomy whose will is to contain time, to hold it briefly before it follows the unstoppable course of its continuity.

________________

Los componentes que nos corren por la sangre, el calcio que habita en nuestros huesos, se formaron en el interior de una estrella, hoy extinta, que al morir explosionó. Sus partículas se vieron obligadas a buscar un nuevo núcleo, divagando eternamente hasta posarse sutilmente en nuestros cuerpos, revelando la certeza de cargar, internamente, un porcentaje de la totalidad.

Mi madre había guardado en un tubo de ensayo los dientes de leche de mi hermano y míos. A partir de ese hallazgo, empecé a almacenar de forma sistemática la materia que se desprendía de mi cuerpo; piel, uñas, cabellos o el registro del nivel de acidez de mi organismo.

También acumulé apuntes fotográficos, pruebas de la deriva por un espacio de cambio, asombro y descubierta como el que sigue siendo, para mí, la realidad. Con esta colección abordada de forma bidireccional, comprendí la distinción de dos espacios; el exterior, marcado por la delimitación de una frontera física, epidérmica, que nos empuja al contacto y a la interrogación del entorno más próximo y otro íntimo, interno, en el que se da forma y contexto a esa relación con lo otro, resultado de la sedimentación de la experiencia encarnada. El desenlace de este viaje podría entenderse como una taxonomía cuya voluntad es contener el tiempo, retenerlo fugazmente antes de que siga el curso imparable de su continuidad.





CONTACT: +34 609633992 // nguerraortiz@hotmail.com